ESTE artículo de Trish Lavelle es de lo más sensato que hemos leído en lo que al tema de la identidad de género en la política se refiere. Coincidimos al 100% y creemos que es muy necesario hacer llegar este mensaje a todo el mundo. Por eso lo hemos traducido.


 

Por lo que he podido observar últimamente, cualquier desviación de la afirmación “las mujeres trans son mujeres” resultará, en el mejor de los casos, en que al “infractor” o “infractora” se le señale públicamente bajo acusaciones de transfobia o de “TERF” (Feminista Radical Trans Excluyente).

En el peor de los casos puede resultar en que se le abra un expediente en su propio partido, sindicato, o trabajo, bajo acusaciones de discurso de odio o intolerancia.

El impacto de este McCarthysmo moderno ha ido creciendo, llevando este importante debate a la clandestinidad y creando un clima de toxicidad, miedo y sospecha. Algo que yo jamás había visto en mis más de 30 años de activismo en sindicatos y en el movimiento obrero.

El debate informado y las discrepancias respetuosas son parte del alma de nuestro movimiento, y el derecho a disentir profundamente con tus camaradas y a ofrecer un punto de vista contrario en un debate bien llevado es lo que nos convierte en una fuerza vibrante y progresista.

Por tanto, el silenciamiento de una gran cantidad de personas, en su mayoría mujeres, no es una manera aceptable de conducir este debate.  Ni tampoco es la mejor manera de abordar un problema tan real como el hecho de que la sociedad debe desarrollar una mayor aceptación, apoyo e inclusión de las personas trans.

Aquí se nos presenta un problema tremendamente complejo —con potenciales consecuencias muy significativas para la sociedad, y que requiere una seria reflexión y consideración— que está siendo reducido a una confrontación en las redes sociales demasiado simplificada, emotiva y llena de eslóganes, que no ayuda nada al debate que se está filtrando a la esfera de los medios generalistas.

Así que, ¿cómo empezamos a dirigir una discusión más responsable, respetuosa e informada, para encontrar soluciones a las preocupaciones reales, en lugar de enfrentar una forma de discriminación con otra en un escenario —para el Partido Laborista y el movimiento en general— en el que nadie gana?

¿Cómo nos aseguramos de que las personas que tienen preguntas serias e importantes que formular acerca del impacto sobre las mujeres de los posibles cambios en el Gender Recognition Act, sienten que sus preocupaciones son escuchadas y comprendidas en lugar de descartadas de inmediato?

Primero, es incontestable que las personas trans sufren altos niveles de discriminación y desventajas en la sociedad. Y segundo, es igualmente incontestable que las mujeres siguen siendo súper explotadas, discriminadas, desamparadas e infrarrepresentadas en la sociedad.

Si podemos estar de acuerdo en estas dos afirmaciones, lógicamente también podemos aceptar que ambas requieren y tienen derecho a protecciones específicas y a apoyo que contrarreste las condiciones y circunstancias que las han llevado a esta situación.

Definir cómo tienen que ser esas protecciones y ese apoyo seguro que puede ser nuestro punto de partida, y esas definiciones sólo se pueden conseguir a través de una discusión considerada e inclusiva con representantes de ambas partes.

Es crucial que estudiemos con mucho detenimiento si una medida diseñada para apoyar a una persona puede tener una consecuencia no intencionada que puede perjudicar a otra, y tenemos que estar preparados y preparadas para aceptar que la posibilidad de cambiar la manera en la que definimos a la mitad de la población no debería llevarse a cabo sin un análisis minucioso de su impacto.

Puede que también tengamos que considerar que las mujeres tienen sus derechos y que las personas trans tienen sus derechos y que a veces esos derechos serán los mismos para ambas, otras veces serán diferentes y algunas veces puede que incluso entren en conflicto.

Solamente aplicando esta lógica podemos empezar a diseñar buenas políticas y soluciones que funcionen y que cuenten con el apoyo de todas y todos los interesados, así como el de la sociedad en general. Este es nuestro objetivo.

Ciertamente, hay potencial para el conflicto, pero siempre hay conflictos de intereses en tiempos de cambio, y el movimiento tiene que considerar los conflictos potenciales que surgieron en el pasado entre la gente joven y la vieja, entre los diferentes grupos de trabajadores, o entre las creencias religiosas y los derechos de las mujeres y de la comunidad LGBT.

Fuimos capaces de resolver estos conflictos sin recurrir a la censura ni el silenciamiento, sin insultar y sin anular el debate, y logramos desarrollar soluciones inclusivas y practicables que consiguieron un amplio apoyo.

Siempre llegaremos a mejores conclusiones y soluciones si recordamos que la razón principal de la opresión y la explotación de las mujeres es pertenecer a esta casta sexual, y que la casta sexual dominante siempre ha intentado e intentará agotar nuestra solidaridad.

Esta discusión amarga y dañina tiene toda la pinta de ser un intento orquestado para dividir a la izquierda del movimiento obrero, y deberíamos cuestionar quién se beneficia más de esta división.

Los miembros del movimiento sindical que apoyamos a Jeremy Corbyn y el manifiesto radical Obrero, tenemos la responsabilidad de liderar y facilitar un mejor debate y una buena discusión, y de esta manera proteger los derechos por los que tanto hemos luchado y que hemos conseguido juntos, al mismo tiempo que evitamos adoptar políticas potencialmente divisorias e inútiles sin haber tenido una consulta adecuada.

Soy consciente de que, simplemente por escribir esto, puede que esté haciendo daño o incluso perdiendo a amigos y camaradas tanto en el ámbito personal como de las redes sociales. Pero no puedo ser cómplice y permitir que veteranas compañeras sindicalistas y del movimiento obrero, así como activistas comunitarias, todas ellas mujeres decentes, sigan siendo silenciadas y denigradas.

Nadie debería tener miedo de dar su opinión o hacer preguntas, ni sentir la necesidad de reunirse en secreto.

Hago un llamamiento a todas y todos aquellos que comparten mi punto de vista, para que den un paso al frente para crear un nuevo debate, que proporcione un espacio seguro para las discrepancias y para que se hagan preguntas, en el que se aplique el análisis de clase a las cuestiones clave y que se centre no en culpar o excluir sino en encontrar soluciones mutuamente aceptables tanto para las mujeres como para la comunidad trans.

La unión hace la fuerza y, a no ser que las atajemos pronto, estas divisiones de seguro nos harán caer.

 

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