Este post es la traducción libre de ESTE artículo de Amy B Wang para el Washington Post.

 


 

Jessica Allen ya era madre de dos niños cuando decidió convertirse en madre gestante.

El dinero que recibiría por gestar al bebé de otra mujer — $30.000 — permitiría a Allen dejar de trabajar para cuidar de sus hijos, y ahorrar para una casa nueva. También sería “su oportunidad de darle a una familia la bendición de un hijo”, como, según el New York Post, le dijo su pareja, Wardell Jasper.

Así que Allen se apuntó como candidata a madre gestante con la agencia Omega Family Global, basada en San Francisco. Fue asignada a una pareja china a la que, en el artículo, sólo se identifica como “los Lius”, un pseudónimo. En abril de 2016, después del tratamiento de fertilización in vitro, Allen se quedó embarazada del bebé de la pareja.

Seis semanas después, saldría a la luz la primera de muchas sorpresas que depararía su subrogación: las ecografías mostraban un segundo bebé.

“Me asusté un poco, pero me dijeron que los Lius estaban encantados de tener gemelos”, declaró Allen al periódico. “El pago de $30.000 con gastos incluidos —que me pagaban a plazos con un cheque mensual— incrementó en $5.000 por el segundo bebé. El personal médico de la agencia no mencionó ni una sola vez que los bebés estaban en sacos separados. Hasta donde nosotros sabíamos, el embrión transferido se había separado en dos y eran gemelos idénticos.”

El pasado mes de diciembre, Allen dio a luz a los dos bebés mediante cesárea, en un hospital de Riverside, en Calif. Afirma que no se le permitió ver a los recién nacidos ni pasar algo de tiempo con ellos, puesto que así estaba estipulado en su contrato con Omega Family Global; algo que, después del parto, la dejó con el corazón roto durante días. Lo único que había podido ver era una foto de los bebés tomada con un móvil, de la que resaltó que le parecían diferentes.

Pero sería más adelante cuando se daría cuenta de lo acertada que había sido su observación.

El 10 de Enero, casi un mes después de que nacieran los bebés, Allen afirma que recibió un mensaje de la señora Liu, con otra foto de los gemelos.

“No son iguales, ¿verdad?”, decía el mensaje, según el New York Post. “¿Has pensado en por qué pueden ser diferentes?”

Un test de ADN pronto reveló la verdad: Uno de los “gemelos” era en realidad hijo biológico de Allen y Jasper. A pesar de usar preservativos, al parecer habían concebido al bebé después de que Allen se quedara embarazada del hijo de los Lius, en lo que se cree que es un caso extremadamente raro de superfetación.

Se trata de un caso tan raro —en el que una mujer que ya está embarazada concibe otro bebé—, que los supuestos en los que se da, son normalmente tratados con mucho escepticismo.

En un caso muy mediático de 2009, el de una mujer embarazada de Arkansas que se quedó embarazada “de nuevo”; la especialista en medicina reproductiva, Karen Boyle, afirmó en las noticias de la cadena ABC, que la literatura médica sólo recogía 10 casos de superfetación.

“Me rompió el corazón saber que di a luz a un bebé que no sabía que era mío, y que me lo quitaran sin yo saberlo, dejándolo en manos de otras personas, lejos de su familia”, declaró Allen al diario Independent. Y añadió que Jasper y ella estaban centrados en recuperar a su hijo.

Lo que tuvo lugar a continuación, fue una batalla legal muy larga y muy costosa. La agencia de San Diego, al parecer, informó a Allen de que los Lius habían renunciado al bebé que no era biológicamente suyo —y que además querían una cantidad de $22.000 a modo de “compensación”. Allen declaró en el New York Post que no se podían permitir esa cantidad y que se quedaron estupefactos cuando la agencia puso más impedimentos todavía para que recuperaran a su hijo:

“Para mi disgusto, la agencia ya estaba buscando padres para “adoptarlo” y así “absorber” el dinero que le debíamos a los Lius. O, si eso no funcionaba, los Lius, como padres legales de Max, estaban pensando en entregarlo en adopción.

Fui muy clara cuando les dije a los de la agencia que queríamos a nuestro hijo, pero el problema era que seríamos responsables de pagar la deuda si nos lo quedábamos. Era como si Max fuese un producto y nosotros tuviéramos que pagar para adoptar a nuestro propio hijo. En la agencia nos dijeron también que les debíamos $7.000 más, por los gastos derivados de la burocracia que había tenido lugar y del cuidado de nuestro hijo.

Gastamos $3.000 en un abogado, y pasamos por una serie de negociaciones muy tensas entre nosotros, nuestro abogado, y Omega. Fue una batalla cuesta arriba, pero la agencia finalmente redujo a cero la cantidad que le “debíamos” a los Lius.

A pesar de que se resolvió la disputa monetaria, Omega Family Global, negó las declaraciones de Allen en un comunicado al New York post. La carta íntegra del abogado de la agencia puede leerse aquí.

En los Estados Unidos, la subrogación comercial —gestar y parir el bebé de otra persona bajo compensación económica más allá de los gastos médicos— es legal sólo en algunos estados, incluyendo California, donde vive Allen. La práctica trae consigo un montón de cuestiones éticas y legales, incluyendo los derechos de la gestante y del bebé, particularmente cuando la subrogación tiene lugar en otro país.

Aunque los centros para la prevención y el control de las enfermedades publican estadísticas sobre el uso y los procesos de la tecnología para la reproducción asistida, que incluyen “servicios de donación de embriones” y “servicios gestacionales”; los datos de la agencia federal no especifican cuántos de estos nacimientos son fruto de la subrogación. Al rededor de 1.6% de todos los bebés que nacen en los Estados Unidos cada año, son concebidos usando las tecnologías de reproducción asistida. Un dato que se ha duplicado en la última década, según los datos de los centros para el control de enfermedades.

Para Allen, su subrogación fue “una pesadilla” que, afortunadamente, tuvo un final feliz. Declaró en el New York Post que su familia se reunió por fin con su hijo el 5 de Febrero, en el parking de un Starbucks del condado de Riverside. Ella y Jasper le cambiaron el nombre al bebé, que ahora se llama Malachi y tiene 10 meses.

“Fue un momento increíblemente emotivo, empecé a abrazar y a besar a mi niño”, contó Allen al periódico. “Wardell y yo, que nos casamos en abril, no teníamos pensado ampliar la familia tan pronto, pero queremos a Malachi con todo nuestro corazón. No me arrepiento de haber sido una madre subrogada porque eso significaría arrepentirme de haber tenido a mi hijo. Sólo espero que otras mujeres que estén considerando gestar para otros puedan aprender de mi historia. Y que, así, salga algo bueno de esta pesadilla”.

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