Hemos traducido ESTE artículo de Jo Bartosch publicado en The Independent.


Siempre hay dos caras para la misma moneda, y algunas ideas modernas sobre el género son demasiado conservadoras.

Nosotros, la élite liberal, podemos echarnos unas risas a costa de Sally y Nigel Rowe, la pareja de cristianos que sacaron a su hijo del colegio, cuando supieron que un alumno apareció un día llevando un vestido. Susie Green, la directora del grupo de apoyo para personas transgénero ‘Mermaids’ (sirenas), fue la voz progresista de la razón contra los intolerantes de mente cerrada del programa ‘Tuesday’s Today’.

Casi podía oírse el asentimiento comprensivo de la entrevistadora, Sarah Montague, mientras Green les decía a los oyentes que todos tenemos el deber de educarnos para aliviar el sufrimiento de los niños y niñas transgénero.

Tener algún tipo de problema con que un niño quiera ponerse un vestido es ridículo. Sin embargo, es igualmente ridículo sugerir que un niño que elige llevar un vestido es de hecho una niña. Presentar los argumentos sobre los niños y las niñas que no están conformes con su género, como “cristianos retrógrados” contra “progresistas iluminados” es hacernos a todos un flaco favor.

Penny White, una mujer que se describe a sí misma como una “madre orgullosamente progresista”, me explicó la situación en la que se vió cuando su entonces hija de 12 años “se auto-diagnosticó disforia de género”.

Su hija pensó que era transgénero tras asimilar lo que leía en artículos de Tumblr y lo que veía en vídeos de YouTube. Cuatro años más tarde, sin embargo, la niña, poco a poco empezó a desechar la idea de que “debía” de ser un niño. Cuando cumplió los 17, ya había recuperado su nombre y su cuerpo. También salió del armario: era lesbiana. La inconformidad de género en la infancia es, a menudo, un indicio de atracción por el mismo sexo en la adolescencia y la edad adulta. Tal vez no sea sorprendente, puesto que amar a alguien de tu mismo sexo es lo más inconformista con el género que puede haber.

Penny explica su preocupación sobre el enfoque que toman organizaciones como Mermaids y GIRES: “Me hicieron creer que tenía que afirmar la identidad de mi hija o me arriesgaría a conducirla al suicidio. Lo que me da miedo es que hay muchos niños y niñas no conformes con su género que están siendo medicados a edades muy tempranas, y se les está condenando a la infertilidad, la cirugía y a recibir inyecciones hormonales de por vida, cuando en realidad, si se les diera tiempo para madurar, acabarían siendo adultos homosexuales felices y sanos. O incluso adultos heterosexuales que simplemente no se conforman con su género.”

“Ser transgénero es mucho más compatible con la ideología cristiana conservadora que ser gay o lesbiana. También es más compatible con la ideología conservadora musulmana, razón por la que en Irán se ejecuta a las personas homosexuales pero se pagan los cambios de sexo.”

El conservadurismo de la ideología transgénero está a menudo ausente en las discusiones modernas sobre el género, y existe una vaga y errónea fusión entre las cuestiones transgénero y la neutralidad de género. La estrategia de las grandes superficies británicas John Lewis y de algunos colegios para introducir ropa de género neutro, deben ser bienvenidas, pero es desconcertante que hayan sido proclamadas por los medios liberales como una victoria para los “alumnos transgénero”. Conviene recordar que si no viviéramos en una sociedad tan asquerosamente sexista que promueve la polarización de los géneros, no habría motivo para que nadie transitara de uno a otro.

Caroline, que prefiere no revelar su nombre real y trabaja en la Oficina de Protección del Menor, con más de 20 años de experiencia, me dijo: “Los profesionales no podemos expresar nuestra preocupación por los menores que se identifican como transgénero, sin que se nos tache de tránsfobos o intolerantes. Muchos de nosotros -médicos de familia, psicopedagogos, trabajadores sociales… todos gente maravillosa que trabaja sin descanso por el bien de los menores- compartimos la misma preocupación por los niños y niñas que están siendo empujados a tomar soluciones médicas. Vemos muchos menores cambiando de nombre, volviéndose en contra de sus familias y reescribiendo su pasado”.

No hay una manera consensuada de responder a un niño o a una niña que se declare transgénero. Durante décadas, las feministas hemos luchado para liberar a la gente de las expectativas de género derivadas de nacer niño o niña, y hemos difundido el mensaje de que lo que hay que cambiar es la sociedad, no los cuerpos. La opinión de que ningún menor tiene el cuerpo incorrecto, no debería ser tan controvertida y merece ser escuchada.

Hoy en día estamos acostumbrados a escuchar sólo una de las partes de un debate complejo y lleno de matices. El número de menores que se identifican como transgénero aumenta cada año, y hay muchas más niñas que niños que experimentan disforia con su cuerpo y quieren cambiar de sexo. Hay pruebas convincentes que sugieren que algunos de estos menores, después de la pubertad, acaban sintiéndose cómodos y seguros en los cuerpos con los que nacieron, erradicando la necesidad de intervenciones médicas tan serias. Es muy irresponsable por nuestra parte no explorar esta posibilidad -de hecho, al no hacerlo, estamos en peligro de fallar a nuestros menores.

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