Este post es la traducción libre de ESTE artículo de Julie Bindel, publicado en The Independent.


El modelo Neozelandés de descriminalización ha sido desenmascarado por las abolicionistas, como únicamente beneficioso para proxenetas y puteros. Las organizaciones lideradas por supervivientes del comercio sexual, aseguran que aquellos que dicen la verdad, no los explotadores ni los propagandistas, son los que muestran la prostitución como la violación de derechos humanos que realmente es.

Uno se los mitos más perniciosos sobre el comercio sexual, propagado por el lobby pro-prostitución, es que no puede abolirse. Si me hubieran dado un dólar cada vez que he oído que “la prostitución siempre ha existido y siempre existirá”, las organizaciones feministas nunca más se quedarían sin fondos.

Esta política del pesimismo define el consenso liberal de que la prostitución debe ser regulada en lugar de abolida. Y esta actitud es la antítesis del feminismo. “No decimos, la pobreza siempre existirá, construyamos más albergues”, me dijo una activista superviviente, durante la investigación que hice para mi libro sobre el comercio sexual global. “O, ‘siempre habrá violaciones, así que vamos a centrarnos en aliviar a las víctimas’, pero sí decimos este tipo de cosas sobre la prostitución”.

Las políticas y las creencias del lobby pro-prostitución son las más pesimistas y fatalistas de todos los movimientos que conozco. “Es la profesión más antigua del mundo”, dice el mantra, “la prostitución siempre ha existido y siempre existirá”. O, como dice la académica Catherine Hakim, los hombres quieren más sexo que las mujeres, y por tanto es inevitable que paguen por él.

Algunos activistas por los derechos de las trabajadoras sexuales, aseguran incluso que los hombres tienen que tener sexo cuando lo “necesiten”, o se verán obligados a violar. “La prostitución es el último recurso ante deseos sexuales no satisfechos. Violar sería menos seguro, como que te fuercen a hacer daño a alguien cuando estás tan frustrado que pasas el día masturbándote”, como dijo un putero en una entrevista para saber por qué pagaba por sexo. ¿Hay alguna visión más pesimista que esta sobre los hombres y la sexualidad masculina?.

El movimiento abolicionista es el más optimista de todos. Se atreve a ser idealista. Como dice el brillantísimo Gary Younge, el idealismo es crucial para quienes quieren cambiar el mundo para mejorarlo. Sin idealismo o visiones utópicas, dice Younge, no es posible concebir el tipo de mundo que queremos habitar en el futuro. Yo estoy de acuerdo -un mundo sin prostitución no sólo es posible, es inevitable. Si el feminismo tiene éxito y derroca al patriarcado para dejar sitio a una sociedad verdaderamente igualitaria, la prostitución, un sistema que está supeditado a la opresión y el abuso de las mujeres y las niñas por parte de los hombres; no podría existir.

Los gobiernos que han legalizado el comercio sexual hace mucho que se deshicieron de cualquier visión crítica, pero el movimiento abolicionista se está abriendo paso en un buen número de estos países. Renate van der Zee, una periodista que vive en Holanda, forma parte de la nueva ola de abolicionistas que se niegan a aceptar la expansión de la violación comercial de mujeres en situaciones desesperadas. Antes, Van der Zee estaba convencida de que la legalización era la única opción para controlar el comercio sexual, pero cambió de opinión tras haber investigado la industria.

En 2013 se publicó el libro de Van der Zee, De Waarheid Achter de Wallen (La verdad detrás del Barrio Rojo), y la autora ahora está involucrada en el modesto pero creciente movimiento abolicionista de Holanda. “Hace cinco años habría sido impensable que hubiera un movimiento abolicionista en este país, pero hoy en día está creciendo y va camino de ser muy próspero”, me contaba ella misma.

Alemania, donde el comercio sexual es legal, recientemente ha sido desenmascarado como una cloaca de abuso, gracias a las feministas que se atreven a criticar el proxenetismo de estado.

El año pasado fui a la primera conferencia abolicionista que se celebró en Melbourne, Australia, titulada: “La opresión más antigua del mundo”. Melbourne es una ciudad en la que muchos restaurantes prohíben que se le den al cliente los restos de comida por motivos sanitarios, pero cuyo gobierno defiende los burdeles legales. Entrevisté a un grupo de supervivientes del comercio sexual que están haciendo campaña para derogar la ley, y tuve la oportunidad de estar con las abolicionistas que están haciendo campaña contra la venta legal de mujeres y niñas.

Mientras los activistas por los derechos de las trabajadoras sexuales intentan que veamos a los proxenetas como hombres de negocios, las abolicionistas queremos que pasen a la historia.

Cada vez más países alrededor del mundo están estudiando el modelo abolicionista (antes conocido como modelo nórdico, pero ahora adoptado por otras naciones, incluyendo Francia e Irlanda) como vía para abordar el comercio sexual, en lugar del ya desacreditado modelo de legalización. El modelo de descriminalización de Nueva Zelanda también ha sido desenmascarado por las abolicionistas como únicamente beneficioso para los proxenetas y los puteros. Las organizaciones lideradas por supervivientes del comercio sexual, como Space International, aseguran que aquellos que dicen la verdad, no los explotadores ni los propagandistas, son los que muestran la prostitución como la violación de derechos humanos que realmente es.

Como dijo una vez la gran escritora feminista Andrea Dworkin: “Ciertamente la libertad de las mujeres nos debe parecer más importante que la libertad de los proxenetas”. El crecimiento del movimiento abolicionista asegurará que aquellas que levanten la voz sobre el comercio sexual, serán escuchadas y creídas. La misma tradición de orgullo de las mujeres que se niegan a ser silenciadas sobre la violencia de género, la violación y el abuso sexual a menores; será la que haga que las supervivientes del comercio sexual acaben siendo reconocidas como las expertas, y no aquellos que obtienen réditos o se benefician de la venta de carne de mujer.

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