Hace poco encontramos ESTE vídeo de la Conferencia del Foro de la Izquierda Norteamericana 2016 (Left Forum Conference). Se trata de una serie de ponencias interesantísimas, organizadas por Jennifer Bilek, bajo el título de Deconstruyendo la Identidad de Género Bajo la Supremacía Masculina.

Creemos que las cuatro ponentes tienen mucho que aportar al debate sobre la identidad de género y por eso hemos creído oportuno hacer una transcripción traducida y reproduciendo los gráficos que se aportan, reinterpretados en castellano.

Esta es la cuarta y última parte.
[Primera Parte / Segunda Parte / Tercera Parte].


Penny White

Madre protectora, defensora de las personas sin techo, terapeuta especialista en traumas de carácter sexual.
El peligro de convertir en pacientes médicos a los niños y niñas que no están conformes con su género.

“Voy a hablar hoy aquí como feminista radical que ha vuelto a nacer, y como madre de una hija no conforme con su género que vive bajo la supremacía masculina.

Me gustaría empezar leyendo parte de esta carta que escribió una lectora anónima a The Guardian. Se llama Una carta para mi pequeña niña que cree que es un niño:

Empezaste muy pronto a decir que, porque te gustan las cosas de chicos, debías ser un chico. Quisiste cortarte el pelo, te negabas a llevar vestidos, y hacías como si vomitaras cada vez que alguien te ofrecía algo rosa. A mi no me importaba, me gustabas así. Mis hermanas y yo hacíamos cosas parecidas cuando éramos pequeñas. Tampoco muestro mi desacuerdo contigo cuando dices que eres un chico, porque sé que aún eres muy pequeña para comprender las complejas razones por las que se supone que, en nuestra sociedad, los niños y las niñas tienen que actuar, vestirse y sentirse de manera diferente. 
No eres femenina, eso es lo que quieres decir.

Sin embargo, durante los últimos años, he empezado a leer sobre el género y lo que he descubierto me ha hecho temer por tu futuro. ¿Sabes? ahora es controvertido que yo diga que, al contrario de lo que tú opinas, yo sé que no eres un chico. Hay muchísimas voces ahí fuera, en internet, que prefieren no estar de acuerdo conmigo y te dirán lo contrario. Y están empezando a ser mayoritarias y a volverse más prominentes día tras día. Están convenciendo a la gente joven, que es vulnerable, de que pueden hacer lo que es biológicamente imposible: cambiar el sexo. ¿Y si te convirtieras en algo tan peligroso como una adolescente que siente que no encaja en su propio cuerpo?

Como profesora veo estas cosas en los adolescentes todos los días, manifestándose en anorexia o daño autoinfligido. Normalmente reconocemos que esta manera de sentir el propio cuerpo es patológica. Aunque al parecer, en lo que a la propia identidad de género se refiere, la opinión de los y las adolescentes es todopoderosa. Así que, ¿y si acabas por convencerte de que hay algo erróneo en tu cuerpo?. Pronto, desde la tierna edad de 16 años, podrás empezar a tomar medicamentos muy serios que te cambiarán para siempre. Medicamentos que te harán estéril. Cirugía que tendrá efectos secundarios para el resto de tu vida.

Y algunos sectores liberales de la sociedad me llamarán madre abusiva por no estar de acuerdo con nada de esto. 

Te miro. Tu cuerpo es perfecto. No puedo soportar la idea de que tal vez alguien te intente convencer de que no es el correcto sólo porque te gustan los dinosaurios y los piratas y golpearlo todo con palos. 
Te cojo en mis brazos y te susurro como he hecho desde que naciste hace 5 años. Eres mi niña perfecta. Mi niña. Nada puede cambiar eso.

A la madre que escribió esta carta la han llamado “zorra”, “madre abusiva”, “asquerosa”, “TERF” y “tránsfoba” en las redes sociales. Pero esta madre tiene razones para temer por su hija. Si su hija no está conforme con su género, según vaya creciendo, puede sufrir una presión social abrumadora para convertirse en una paciente médica permanente, sólo porque su personalidad no encaja en la caja de género femenino.

Esto es exactamente lo que le pasó a mi niña, a mi vibrante y fuerte hija no conforme con su género.

Siempre he estado extremadamente orgullosa de mi hija. Ella siempre ha tenido una personalidad valiente de niña salvaje, una voz explosiva, mucho más fuerte y más grave que la mía. Siempre le han encantado los insectos y los reptiles, siempre ha sido una niña sin miedo, siempre como un rayo… yo la llamo mi pequeño rayo. Cuando ella era pequeña yo siempre llevaba serpientes y lagartos de goma en el bolso. No le gustaba ninguna cosa que tuviera que ver con princesas o que fuera rosa… No tenía ningún tipo de interés en ninguna de esas cosas.

La eduqué para que estuviera orgullosa de su cuerpo de mujer: le conté lo que era su vulva, las distintas partes de su cuerpo, su clítoris, su vagina, su uretra… Siempre estuvo muy orgullosa de cómo funcionaba su cuerpo, y de lo que su cuerpo sería capaz de hacer en el futuro, cuando le llegara lo que en casa llamamos la sangre buena. Sabía que una vez que le llegara la sangre buena, sería capaz de crear una vida con su cuerpo, y pensaba en ello como en una especie de súper poder. Estaba entusiasmada cuando le llegó la sangre buena. Estaba emocionadísima, sólo tenía 10 años. Lo celebramos y se sintió muy orgullosa de sí misma.

Pero ese orgullo no le duró mucho. A mi hija le empezó a crecer el pecho y se desarrolló muy rápidamente, atrayendo la atención de los hombres adultos de manera aterradora. Mi valiente y aventurera hija que siempre pensó que se comería el mundo, empezó a sufrir acoso callejero, piropos, y amenazas de carácter sexual. Hubo muchos episodios, desde que tenía sólo once años, en los que llegaba a casa después del colegio y estaba temblando porque algún hombre le había gritado cosas obscenas sobre su cuerpo desde un coche. Un amigo de la familia intentó besarla cuando la pilló a solas, y no me lo contó en meses, pero se escondía en su habitación cuando este hombre venía a casa. Hubo también un comentario devastador, de un familiar en el que por aquel entonces confiábamos, que hizo enfrente de ella tan sólo unas semanas antes de que decidiera transitar. Dijo que entendía por qué los hombres violaban, porque las mujeres eran demasiado sexis.

Allá donde íbamos, algún hombre sentía la necesidad de comentar algo sobre el aspecto de mi hija, lo que la hacía sentirse extremadamente cohibida, incómoda y totalmente insegura. Y mi hija dejó de ducharse, empezó a llevar ropa muy ancha y a taparse la cara con el pelo, largo y enredado. Empezó a esconderse.
Fue poco después de cumplir 13 años cuando me dijo que ella era en realidad un chico, que era imposible que fuera una chica. ¿Y quién podía culparla?. Era una joven lista, fuerte y valiente que se sentía acorralada.

Antes de la pubertad, solía bromear acerca de las presiones que se imponían sobre las mujeres y las niñas, y yo —medio en broma—, intentaba mostrar mi preocupación, antes de que empezara la secundaria, por si ella también se sentiría presionada a actuar como una barbie. Ella se reía, se ponía con los brazos en jarras y me ponía los ojos en blanco y me decía: “Sí, mamá, me muero de ganas de sacar la muñeca de plástico que llevo dentro”.

Sin embargo, la presión fue mucho más abrumadora de lo que cualquier niña pequeña podría anticipar. Y estaba en todas partes. En una parada de autobús cerca de casa, por delante de la que mi hija pasaba todos los días, había un póster de una chica adolescente que simulaba una felación con un chupa-chups. También había un cartel enorme cerca de casa, en el que aparecía una chica adolescente, en topless, a la que el pelo le cubría el pecho y en el que aparecía también una cerveza. Había también otro, en otra parada, de una mujer muy joven, de espaldas, mostrando el trasero mientras alguien la fotografiaba con el móvil y ella sonreía a la cámara por encima del hombro. Bueno, estaban en todas partes: en la cola de la caja de Macy’s, en anuncios de comida rápida, de perfume, de ropa… Veía mujeres semidesnudas en todas partes, en poses humillantes, poses en las que ningún hombre se pondría.

Así que mi hija lo pasó mal e intentó evadir la conclusión a la que es duro llegar cuando se es una niña de esa edad: que la principal función de las mujeres es la de juguetes sexuales. Si no quería aceptar esto tenía que aceptar ser invisible. Y mi hija se negó. Decidió que si en eso consistía ser una mujer, entonces ella debía ser en realidad un hombre. A la vez que se sumía en una depresión, empezó a buscar ayuda en foros de internet. Y los foros transgénero se han vuelto extremadamente populares en las redes sociales. Fue en tumblr donde mi hija conectó con otros adolescentes no conformes con su género, y a raíz de hablar con gente que estaba en su misma situación, comenzó a vendarse el pecho y a decir que quería tomar testosterona y que quería quitarse el pecho.

Yo estaba petrificada, absolutamente petrificada. Investigué sobre la testosterona y descubrí que causa problemas en el corazón, en los músculos y en el hígado a edades muy tempranas. Esto y la idea de que mi hija quisiera mutilar su cuerpo, perfectamente sano, mediante una doble mastectomía totalmente innecesaria desde el punto de vista médico; me rompió el corazón. Cuando crías a tus hijos, lo que quieres es proteger sus cuerpos, cuidarlos para que florezcan como adultos sanos… que mi hija quisiera mutilar el suyo fue absolutamente devastador.

Sin embargo, todo lo que leía y escuchaba sobre los niños transgénero es que si no apoyas su identidad de género, terminarían por suicidarse. Así que pensé que no me quedaba otra que apoyarla en esto o haría daño a mi hija. Sentí que no se me permitía expresar pena, o dolor por la pérdida, o miedo, o escepticismo… Y todos los padres sobre los que leía o que veía en televisión eran “los buenos padres”, que animaban a sus hijos para que transitaran y estaban entusiasmados con la idea. Encontré mucho “apoyo” para apoyar la identidad de género de mi hija. Todo el mundo me decía “eres una madre tan guay por apoyar a tu ‘hijo'”. Sin embargo yo estaba angustiadísima, estaba en la más absoluta miseria, pero no me sentía libre para expresar todo esto; si lo hacía, haría daño a mi hija.

Así que, pensando que estaba haciendo lo correcto, la llevé a una clínica específica para niños LGBT+. La doctora que la atendió, con toda su buena intención, no cuestionó ni por un momento el auto-diagnóstico de mi hija de 13 años, por el que se declaraba transgénero. Nunca lo cuestionó. Nunca nos refirió a otro terapeuta que nos ayudara a determinar si podía estar pasándole alguna otra cosa. Simplemente lo aceptó. Mi hija se diagnosticó a sí misma con disforia de sexo, según ella era transgénero y eso es lo que era.
Nadie en la clínica, ni los terapeutas, ni los doctores; nadie la animó a aceptar su sexo biológico, a querer y a aceptar su cuerpo tal cual era. Algo que en realidad habría sido más beneficioso para ella que convertirse en una paciente médica de por vida. Nadie cuestionó la idea improbable de que ella era, internamente, un hombre. Para vivir una vida auténtica ella tenía que hormonarse y someterse a cirugías tremendamente drásticas. La contradicción que encierra esto es absurda: para ser auténtica tiene que hormonarse para siempre y mutilarse quirúrgicamente.

Otro problema que hay es el cómo un adolescente puede arrepentirse y escapar de todo esto. Los adolescentes tienen una necesidad enorme de encajar. Como adolescente no conforme con su género, mi hija consiguió encajar en la comunidad transgénero, y decir que era un chico y que era transgénero se volvió algo muy importante para ella y para su sentido de pertenencia a un grupo. Se cambió el nombre, insistió en que se dirigieran a ella con pronombres masculinos, dijo que iba a transitar… ¿Y cómo te arrepientes o te desvinculas de esto, cuando toda tu vida, tu grupo de amigos y tu sentido de pertenencia a un grupo social se basa en esta identidad que te has creado a una edad tan vulnerable?.

En el caso de mi hija perdió a su grupo de amigos. Se fue alejando de ellos gradualmente a medida que se fue haciendo mayor. Ya no ve a ninguno de los amigos que hizo cuando decía que era un chico. No es que pensara que la iban a rechazar, es que le daba vergüenza decirles que había cambiado de opinión. Y todavía lo pasa mal porque piensa que es una traidora a la comunidad trans porque decidió no transitar. Se siente una traidora porque decidió que no quería quitarse el pecho ni hormonarse. Es una situación muy dolorosa para una persona tan joven.

Y esta es otra de las razones por las que pongo muy seriamente en cuestión el hecho de que se convierta en celebrities a los niños y niñas transgénero. Me preocupan mucho niños como Jazz, que son famosos sólo por ser transgénero. Hay una industria erigiéndose en torno a Jazz, tiene incluso su propio reality show… ¿Dónde está el espacio de esta criatura para cambiar de opinión? Hay una gran presión sobre ella como para que de repente diga: “¿Sabes? creo que sólo soy un chico muy femenino. Creo que simplemente soy un chico al que le gusta llevar vestidos y rizarse el pelo.” No se concibe que Jazz pueda decir esto y no hay un espacio para que lo diga porque ahora Jazz es una industria. Me parece increíblemente injusto.

Pero mi hija resistió la presión para transitar incluso cuando yo había asumido completamente el papel de madre pro-transgénero. Me asustaba demasiado no hacerlo, me aterraba que se hiciera daño a sí misma, o que sintiera que no podía contar conmigo si no la apoyaba en esto.
Fue ella la que se salió de la norma a medida que fue creciendo y que se fue haciendo más fuerte internamente. Reclamó su derecho a ser quien era, con su cuerpo de mujer perfectamente sano… algo por lo que estoy tremendamente agradecida.

El único límite que había establecido con ella era que no habría hormonas ni cirugía hasta que no cumpliera los 18 años. Habría sido un límite más amplio si la ley me lo hubiera permitido, pero le dije que nada hasta que tuviera 18. Esto le dio el tiempo que necesitaba para evolucionar y dejar todo esto atrás. Sin embargo, recientemente —el mes pasado, de hecho— a una niña de 14 años en San Diego se le practicó una mastectomía doble. Y se celebró en los periódicos como algo positivo porque se entiende como una forma que tiene la niña de reclamar su propia identidad de género.
Cuando mi hija tenía 14 años, seguía queriendo que le quitaran el pecho. 14. Estaba convencida: “Me voy a deshacer de esto”, decía. Ahora acaba de cumplir los 17 y ya no muestra ningún deseo por ser un hombre. Lo que ha hecho es reclamar su identidad como lesbiana. Ya no tiene problemas con su cuerpo, es sólo una mujer lesbiana no conforme con su género.

Lo más doloroso y difícil fue que, cuando decía ser un chico, el grupo de apoyo LGBT+ al que iba y que se le asignó, era el “grupo de apoyo para hombres”. Cuando un grupo de lesbianas habría sido muchísimo más beneficioso para ella.

A día de hoy todavía tiene momentos difíciles porque perdió a su grupo de amigos. Lo bueno es que todavía conserva una amiga de la infancia que también es una chica lesbiana no conforme con su género y que también pasó por una etapa en la que decía ser un chico. Y ahora, a la edad de 18 años, es capaz de decir: “Creo que hice aquello porque no tenía ninguna referencia de ninguna mujer adulta no conforme con su género y por eso pensaba que tenía que ser un chico”.

De verdad creo que estamos fallando a los niños y niñas no conformes con su género, porque les estamos animando para que alteren sus cuerpos química y quirúrgicamente, con el único objetivo de encajar en las expectativas sociales sobre cómo se tienen que comportar los hombres y las mujeres. Me encantaría ver el momento en que se haga entender a los niños y las niñas que no deben permitir que su biología ponga límites a su personalidad, su sexualidad, o su manera de expresarse. Realmente me preocupan los niños y las niñas no conformes con su género que se convierten en pacientes médicos gracias a la popularidad de la ideología transgénero.

Quiero terminar planteando la siguiente pregunta ¿Por qué es más fácil para la gente aceptar la alteración hormonal y quirúrgica de los cuerpos de los niños y las niñas, que el hecho de que el género es una forma de opresión que nos hace daño a todos?”

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