Hace poco encontramos ESTE vídeo de la Conferencia del Foro de la Izquierda Norteamericana 2016 (Left Forum Conference). Se trata de una serie de ponencias interesantísimas, organizadas por Jennifer Bilek, bajo el título de Deconstruyendo la Identidad de Género Bajo la Supremacía Masculina.

Creemos que las cuatro ponentes tienen mucho que aportar al debate sobre la identidad de género y por eso hemos creído oportuno hacer una transcripción traducida y reproduciendo los gráficos que se aportan, reinterpretados en castellano.

Esta es la primera de cuatro partes.
[Segunda Parte / Tercera Parte / Cuarta Parte].


Kara Dansky

Abogada, analista legal, consultora.
INTRODUCCIÓN.

“Nuestro punto de vista acerca de la Identidad de Género es que ésta refuerza las diferencias de género en la sociedad, haciendo un grave daño al conjunto de las mujeres. Quiero señalar que esta discusión no está dirigida contra ningún individuo o ninguna categoría social sino que está enfocada a iniciar una debate sano sobre un tema muy importante, que se discute con frecuencia pero que en la mayoría de los casos no está bien entendido ni bien planteado. Esta mesa explorará cuestiones como el género y la identidad de género en el contexto de la supremacía masculina, entre otras; ¿cuáles son las implicaciones de mezclar el sexo como hecho biológico con el concepto de género construido socialmente?; ¿tienen alguna base científica las recientes reivindicaciones sobre identidad de género del Departamento de Justicia de Estados Unidos?; ¿qué es lo que identidad de género e autopercepción del propio género quieren decir?; ¿cuáles son las implicaciones de utilizar términos como cisgénero o privilegio cis?; ¿existen el cerebro masculino y el cerebro femenino?, y si no existen, ¿qué significa para una persona genéticamente macho el decir que ha nacido en el cuerpo “equivocado”?; ¿qué implicaciones tiene que una niña de 15 años, que no puede abortar legalmente en Estados Unidos, pueda sin embargo hacer un tránsito quirúrgico irreversible sin necesitar el consentimiento de sus padres y sin un examen psicológico completo, en el contexto de una sociedad que pornifica despiadadamente los cuerpos de las mujeres jóvenes?; ¿por qué se considera opresivo el hablar de sexo, género y vaginas, y por qué se está atacando y silenciando a las mujeres por hablar de estos temas?.

Empezaremos en el siguiente orden:
Kathy Scarbrough comenzará discutiendo la ciencia tras el sexo biológico, la idea de los cerebros sexuados y el significado de “nacer en el cuerpo incorrecto”. Kathy es activista en grupos locales por la liberación de la mujer desde los años 70, ha dado numerosas charlas y es editora de Meeting Ground y de Women’s Liberation Front.
A continuación, Sam Berg hablará del lenguaje, del lenguaje del género y de la identidad de género y cómo éste está resultando en la invisibilización social de las mujeres. Sam Berg es periodista, feminista radical y organizadora de activistas. Su extenso trabajo incluye la co-fundación del Women’s Liberation Front (Frente por la Liberación de las mujeres). Escribe artículos publicados en medios de izquierdas desde 2002 y organiza eventos anti-prostitución en Estados Unidos y Canadá. Sam tiene un doctorado en lingüística y uno de sus más recientes trabajos online es johnstompers.com.
Después será mi turno y hablaré sobre el género y la identidad de género en el marco legal y sobre algunas de las maneras en que las mujeres, como categoría legal, están siendo eliminadas.
Y para terminar, Penny White, es escritora freelance y feminista radical de San Francisco, con un master en psicología con especialidad en trauma sexual en la infancia, y ha trabajado durante más de 10 años como terapeuta, llevando casos de personas sin hogar con problemas de salud mental. Penny nos va a contar una historia personal sobre cómo el género y la identidad de género han afectado a su vida y su familia.”

Kathy Scarbrough

Doctora en neurociencia.
Sexo & Género y la liberación de la mujer.

“Es un placer estar aquí, sobre todo después de esta guerra de izquierdas. La liberación de las mujeres siempre ha formado parte de cada una de las insurgencias de la izquierda a lo largo de muchas generaciones. Y como feminista radical, claramente me ubico en la izquierda y me hace muy feliz el poder hablar a otras personas que se encuentran en el mismo lugar que yo.

Voy a hablar sobre la biología del sexo y el género y me gustaría empezar con una definición rápida, debido precisamente a la confusión que hay, como ha dicho Kara, incluso en el Departamento de Justicia de los Estados Unidos, que mezcla sexo y género. Uno de los problemas es que la palabra sexo tiene por lo menos tres significados. El sexo biológico tiene que ver con óvulos, espermatozoides y reproducción, pero la palabra sexo también se refiere al acto, al coito —como decimos científicamente— y se refiere también a las diferencias biológicas entre los miembros de una especie —los sexos.
Género, por otro lado, como mejor se define es como las expectativas culturales basadas en el sexo, incluyendo las conductuales —cómo nos vestimos, cómo llevamos el pelo, etc— y psicológicas —agresividad, pasividad, lógica, intuición… cosas así. Los mandatos de género varían según las culturas.
Mucha gente también utiliza la palabra género para referirse a la percepción de su propio sexo que tiene un individuo, por lo que género se utiliza muy a menudo como sinónimo de uno de los significados de sexo. Y aquí es donde aparece la confusión de la que hablábamos.

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Este es un diagrama que encontré en internet, publicado por transwidow, y creo que explica muy bien las diferencias entre las ideologías feministas, conservadoras y transgénero. Lo que se puede ver en estas intersecciones es que las feministas y los conservadores están de acuerdo en que el sexo es algo físico y que no se puede cambiar. Por otro lado, tanto las feministas como los defensores de la ideología transgénero están de acuerdo en que es aceptable que haya variaciones en el género, aunque las abolicionistas de género preferimos llamarlo variaciones en el comportamiento humano. Y aunque ambos aceptemos estas variaciones de comportamiento, las feministas vamos más allá y luchamos contra la asociación de determinadas características o rasgos de personalidad con un género u otro.
Y por último, los conservadores y los activistas transgénero están de acuerdo en que el género es innato, algo que todas en esta mesa rechazamos. Básicamente, nuestra constante es que no creemos que las niñas nazcan con rasgos rosas, preparadas para ser sumisas.

La manera en la que las expectativas culturales basadas en el sexo impregnan todo lo que hacemos allá donde vayamos, han sido examinadas en detalle por las feministas. Las feministas criticamos continuamente los estándares de belleza que nos obligan a llevar ropa incómoda y que demandan que las mujeres adultas nos convirtamos en seres aniñados sin un solo pelo en otro sitio que no sea la cabeza. Hemos recorrido un largo camino desde los 50 y los 60, pero seguimos siendo consideradas unas rebeldes si no nos acicalamos de acuerdo con las normas sociales. Durante cientos de años, las feministas hemos afirmado que nuestras mentes son iguales a las de los hombres, pero los activistas transgénero defienden que hay cerebros masculinos y cerebros femeninos, lo cual no es más que la misma excusa que las mujeres hemos oído miles de veces para impedirnos el control de nuestros propios cuerpos, nuestro dinero, nuestras propiedades, y que nos ha impedido conseguir mejores trabajos y acceder a determinadas profesiones.

SLM-CG-37De hecho —aquí voy a aportar algo de ciencia— la mayoría de las habilidades intelectuales y de los rasgos de comportamiento están descritos por lo que conocemos como las curvas normales. Estas curvas normales muestran las variaciones entre la población de un rasgo específico. Contrariamente a las creencias populares, la distribución de los rasgos de comportamiento de hombres y mujeres es tremendamente similar.

Por ejemplo, en esta curva normal, se podrían mostrar las habilidades artísticas de un grupo de personas. Entre ellas habrá gente que dibuje de maravilla y otras que a duras penas podrán dibujar un muñeco con palotes, pero la mayoría de nosotros estaremos en algún punto intermedio. Y esto es así en ambos sexos.

Se pueden observar otras distribuciones si hablamos de habilidades matemáticas, verbales, espaciales, musicales, sobre la preferencia por el color morado, los perros o la purpurina, y en definitiva sobre cualquier rasgo de la personalidad, las habilidades o el comportamiento humanos.

De hecho, la distribución de las habilidades matemáticas de acuerdo al sexo ha sido extensamente estudiada. Y a pesar de SLM-CGM-38que algunos defensores de la supremacía masculina afirmen que nuestros cerebros están sexuados en esta materia; la distribución de las habilidades matemáticas de hombres y mujeres coincide ostensiblemente. En este gráfico, la curva normal de las habilidades matemáticas de las mujeres se muestra en rojo y la de los hombres en gris, y la superposición de hombres y mujeres sería la parte rosada. Así que, como se puede ver, no hay grandes diferencias en las habilidades matemáticas dependiendo del sexo. La mayoría de nosotros entraría en la zona rosada, y sólo habría una pequeña zona que sería toda roja y otra pequeña zona que sería toda gris.

Así que para creer la teoría trans que dice que alguien puede estar atrapado en un cuerpo con un cerebro del sexo opuesto, es necesario creer que los cerebros tienen sexo. Pero esta controvertida teoría carece de cualquier evidencia sólida. Varios libros recientes explican el desarrollo de sendas investigaciones imparciales, y la mayoría concluyen que tenemos el síndrome del cerebro rosa y el azul y que no importan las investigaciones ni la cantidad de razones científicas que se den; la idea del cerebro sexuado persiste en la sociedad. No hace tanto, algunas personas afirmaban que nuestros cerebros funcionaban de manera diferente en función de nuestra raza. Hoy en día semejante planteamiento sería condenado inmediatamente por racista. Debemos preguntarnos ¿quién se beneficia de la idea que defiende que los cerebros masculinos y femeninos son sustancialmente diferentes entre ellos? ¿y por qué no se condena una idea así por machista?

Vamos a centrarnos ahora un poco en la biología. El sexo biológico está diseñado para la reproducción de las especies. Los óvulos y los espermatozoides se unen para crear un nuevo individuo. Estos gametos son con los que los biólogos definen el sexo. Aunque ahora esté de moda repudiar el binarismo, en lo que a sexo se refiere, me temo que nos tendremos que conformar con los óvulos y el esperma. Sólo hay dos tipos de gametos y no existen formas intermedias. Las gónadas —ovarios y testículos— y los gametos no se intercambian entre ellos biológicamente, porque el gameto depende de la gónada para madurar. Esto significa que no existen seres humanos que nazcan con un ovario que produzca esperma, o con unos testículos que produzcan óvulos. Por supuesto, hay patologías físicas conocidas que hacen que haya personas que no producen ninguno de los dos gametos, y hay un porcentaje minúsculo de personas que nacen con una amalgama de ovarios y testículos o sin ninguna gónada; pero no hay ningún caso conocido de ningún ser humano que produzca óvulos y esperma funcionales al mismo tiempo. Producimos uno u otro, o ninguno de los dos. Esta es la realidad material. El hecho de que la gónada del macho sea visible y la de la hembra no lo sea, hace que se pueda saber el sexo biológico de cada persona en su nacimiento y de manera muy fiable.

Las gónadas y los gametos son lo que los biólogos llaman las características sexuales primarias. La mayoría de los seres humanos hembra también tenemos útero y vagina. Somos las que menstruamos. La menstruación, el embarazo y el parto no son aspectos de la expresión de género. Estos procesos surgen de la realidad material de tener un cuerpo femenino (de hembra).  El embarazo, la labor de parto y el parto son un peaje físico que aparta temporalmente a las mujeres del ámbito de las fuerzas económicas productivas convencionales. La subordinación de las mujeres tiene sus raíces en la explotación de las diferencias en la labor reproductiva. Por tanto la liberación de las mujeres está íntimamente relacionada con el sexo biológico.

Las feministas identifican el poder masculino como el mayor impedimento para la libertad de las mujeres. Esta desigualdad en el poder es la que frena a las mujeres blancas, a las de color, lesbianas, ricas o pobres, a aquellas que proceden de países imperialistas y a las que sufren el neocolonialismo. Por supuesto, las feministas radicales también saben que las mujeres nunca seremos libres a no ser que acabemos también con el capitalismo. La situación de muchas mujeres y de muchas personas de color mejoró con las revoluciones socialistas, pero la liberación de las mujeres y la de las personas negras no son sólo asuntos económicos. Reconocer el dimorfismo sexual reproductivo —dimorfismo en este contexto significa que hay dos formas en nuestra especie— no es lo mismo que decir que los cerebros y las habilidades de machos y hembras son fundamentalmente diferentes entre ellos. Y no se trata de elevar la categoría de humanos hembra por la importancia de poder concebir, no se trata de luchar por la identidad de mujer o por escapar de ella. Se trata de reconocer la realidad biológica.

En su libro Sex Itself, Sarah Richardson muestra un maravilloso diagrama que representa el sexo cromosómico en adultos, lo que ella denomina sexo fenotípico y los fisiólogos llamamos características sexuales secundarias. Lo que más me gusta del diagrama es que enfatiza las características humanas comunes entre hombres y mujeres, mostrando que ambos segregan estrógenos —hormonas sexuales ‘femeninas’— y andrógenos —término general que se refiere a las hormonas sexuales ‘masculinas’. Tanto hombres como mujeres generan estrógenos y andrógenos. Ambos. Algo tremendamente importante para nuestra fisiología, ya que nos demuestra que nos parecemos más de lo que nos diferenciamos. Relacionar estas hormonas como exclusivas de cada sexo, oculta factores muy importantes. La diferencia entre la secreción hormonal de hombres y mujeres siempre ha sido sobre-enfatizada en nuestra cultura. Tenemos un ejemplo sorprendente de lo que pasa como resultado de que nuestra sociedad enfatice nuestras diferencias hormonales: se ha descubierto recientemente que la fertilidad de los hombres depende de su respuesta al estrógeno. Es de sobra conocido que la fertilidad masculina depende del andrógeno conocido como testosterona, pero sin la acción del estrógeno, los hombres son también estériles. Tanto hombres como mujeres necesitan andrógenos y estrógenos; ambos. Es decir, que ormonalmente, nos parecemos más de lo que se acepta popularmente.

Detectamos si alguien es un hombre o una mujer mediante la existencia de estas características sexuales fenotípicas o lo que yo llamo características sexuales secundarias. Estas son las características anatómicas que surgen típicamente en la pubertad. Si vemos a una persona por la calle no podemos saber si tiene ovarios o testículos, pero podemos saber si tiene pecho o mucho vello corporal. Las características sexuales secundarias están controladas por los estrógenos y los andrógenos, las hormonas que son secretadas principalmente —pero no de manera exclusiva— por las gónadas. Sobre-enfatizar las diferencias hormonales entre hombres y mujeres a veces lleva a la gente a hacer chistes ofensivos sobre los atributos físicos de mujeres y hombres de avanzada edad. Cuando la secreción de estrógenos por parte de los ovarios se reduce drásticamente tras la menopausia, el efecto de los andrógenos naturales de las mujeres se hace más evidente: se oscurece el vello en el labio superior y puede crecer más. Con la edad, los hombres también notan cambios en la acción de sus hormonas: sus caras se vuelven más redondas y sus rasgos más suaves, y algunos parece que desarrollan mamas con el tiempo y la disminución de la acción de la testosterona. Cuando denigramos este tipo de desarrollo tardío calificándolo culturalmente como poco masculino o poco femenino, estamos forzando a las personas a esconder sus efectos o a intentar cambiarlos, como si estas rígidas diferencias entre los sexos debieran ser reforzadas. De hecho, lo que se refuerza es la conformidad con las expectativas de género. La feminidad y la masculinidad son ficciones que no necesitamos, son conceptos sin los que podemos vivir. Es obvio que la edad no afecta a la condición de macho o hembra de nuestros cuerpos. Como hemos visto, tanto hombres como mujeres, producen y responden a ambos tipos de hormonas sexuales, por tanto esta nueva moda de ingerir hormonas de tipos cruzados puede resultar en cierta ambigüedad de género. Estas intervenciones farmacéuticas permiten presentarse a uno mismo como hombre o mujer independientemente de nuestros cromosomas o nuestras gónadas o de si producimos óvulos o esperma. Sin embargo, alterar el propio género no altera el hecho biológico de haber nacido con ovarios que contienen óvulos, o haber nacido con testículos.

Las intervenciones quirúrgicas llevan todo esto más allá, modificando los genitales para que correspondan con el sexo asociado al género deseado. Pero los genitales no son más que sistemas de transmisión. Lo que se está alterando es la percepción del sexo o del género, no se está alterando el sexo biológico.

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Hasta aquí hemos visto cómo se puede cambiar la identidad de género sin recurrir a los cerebros sexuados, pero también quiero cuestionar el concepto mismo de identidad de género. Históricamente, el género, la expresión de género, la forma en que nos vestimos, la forma en que llevamos el pelo, en que nos acicalamos… todo ello gira en torno a la diferenciación de los seres humanos en función de nuestro sexo, porque el poder masculino depende de poder reforzar estas normas sociales que las feministas históricamente hemos atacado por discriminatorias. Las feministas hemos trabajado largo y tendido para minimizar los dictados de género y conseguir que cada persona se exprese como desee, tanto si su comportamiento se ajusta a lo que se espera de su sexo biológico como si no.

SLMGEN-41La mayoría de las mujeres en esta mesa queremos acabar por completo con el género, y aunque esto implica un cambio social de magnitudes colosales, no es imposible. Escuché a una mujer hace poco hablando sobre cómo se impusieron las expectativas sociales basadas en el sexo en la China revolucionaria. Esta mujer vivió durante muchos años sin saber que era una niña, porque las diferencias entre niños y niñas eran mínimas. Sólo eran jóvenes que jugaban con muchos juguetes diferentes y participaban en una gran variedad de actividades. No tenían género y es algo que me parece maravilloso, nunca lo olvidaré.

Hay un libro actualmente que reconoce una variedad de 56 géneros. Las nuevas categorías de género son una trampa para las mujeres biológicamente mujeres; para ellas sólo hay un género de entre todos ellos. Además elimina nuestra situación específica y única de casta social históricamente oprimida que, como la gente de color y los niños y niñas, ha sido vendida como si fuera un objeto y que ha sido sexualmente explotada durante siglos. En lugar de crear más categorías, tiene más sentido concebir el comportamiento humano como un continuo independiente del sexo. Si hacemos eso, el concepto de identidad de género como fija o cambiable pierde su significado.

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Como conclusión, el sexo es importante para la continuación de la especie humana. El género no lo es. Para alcanzar la igualdad y el equilibrio de poder entre los sexos y para acabar con la supremacía masculina, es necesario acabar con la importancia del género. Trabajemos juntos para llevar a cabo este cambio social que acabe con el algo tan retrógrado como el género.”

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